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En los últimos 50 años la ciencia médica
ha desarrollado tratamientos cada vez más efectivos
para los pacientes con leucemia, que incluyen nuevas drogas,
tratamientos de apoyo como transfusiones y antibióticos,
así como el trasplante de células progenitoras
periféricas (comúnmente conocido como trasplante
de médula ósea).
¿Qué es?
La
leucemia es una enfermedad maligna originada en la médula
ósea. Se caracteriza por el crecimiento desordenado
y descontrolado de las células de la médula
ósea. No se conoce exactamente la causa, ni existe
ningún método para prevenirla.
Existen
dos tipos de leucemias: mieloide y linfoide.
Radica la diferencia en el tipo de células involucradas.
A su vez se pueden clasificar en agudas y crónicas.
Se distinguen por tanto 4 subtipos: leucemia linfoblástica
aguda, leucemia linfocítica crónica, leucemia
mieloblástica aguda y leucemia mieloide crónica.
La
leucemia aguda, es una enfermedad que progresa rápidamente,
en la que se produce una acumulación de células
inmaduras no funcionales en la médula ósea y
en la sangre periférica, no pudiendo así producir
células normales (plaquetas, glóbulos rojos
y glóbulos blancos), produciendo la falta de éstas
distintas alteraciones.
La
deficiencia de glóbulos rojos lleva a la anemia, así
como la falta de glóbulos blancos normales impide la
posibilidad de defenderse de las infecciones, y la de plaquetas
predispone al sangrado.
Las
formas crónicas progresan más lentamente y permiten
la producción de un mayor número de células
maduras y funcionales.
Se
estima que por año hay aproximadamente 3.000 casos
nuevos de leucemia en Argentina. La mayoría de los
casos ocurre en ancianos, y más de la mitad luego de
los 60 años.
La
leucemia linfocítica crónica es la forma más
común de leucemia en adultos de poblaciones caucásicas
de América y Europa, y representa el 25% de todas las
leucemias. El segundo tipo más frecuente es la leucemia
mieloblástica aguda, con 1.000 casos nuevos anuales
en nuestro país, siguiendo luego en frecuencia la leucemia
mieloide crónica y leucemia linfoblástica aguda.
En
edad pediátrica, la leucemia es la primera en frecuencia
dentro del cáncer pediátrico.
La leucemia linfoblástica aguda conforma el 80% de
todos los casos de leucemia en esta edad.
Signos
y Síntomas.
La
leucemia presenta los siguientes síntomas: palidez,
cansancio (como resultado de la anemia), hematomas sin antecedentes
de traumatismos o secundarios a mínimos traumatismos,
otros sangrados (por deficiencia de las plaquetas), infecciones
recurrentes (por falta de glóbulos blancos normales),
dolores óseos y articulares, aumento del tamaño
del hígado y del bazo así como de los ganglios
linfáticos.
Estos
síntomas no son específicos de la leucemia y
pueden ser causados por otras enfermedades. También
es importante recordar que sobre todo en edad pediátrica,
los hematomas en miembros inferiores son frecuentes y aquí
toma relevancia la localización de los mismos y la
magnitud, así como el conjunto de signos y síntomas.
Resulta
importante por lo tanto, ante la presencia de estos síntomas,
consultar a su médico de cabecera. De ser necesario,
éste solicitará exámenes de laboratorio
para analizar su sangre, y eventualmente, se realizará
una punción de médula ósea. Este estudio
permite confirmar o descartar el diagnóstico.
Causas.
Aunque
se han logrado grandes avances en el tratamiento de las leucemias,
todavía se desconocen las causas y formas de prevenir
la enfermedad. Algunos investigadores médicos creen
que la enfermedad consta de una compleja interacción
de factores químicos y genéticos.
También
se ha encontrado una relación con factores ambientales.
Los estudios realizados demuestran que una persona que ha
sido expuesta a cantidades de radiación o productos
químicos como el benceno, tiene mayores posibilidades
de contraer ciertos tipos de leucemia.
La
leucemia no es contagiosa y no tiene un patrón hereditario.
No hay forma de prevenir la leucemia fuera de tratar de evitar
exponerse a radiaciones innecesarias y productos químicos
peligrosos.
Diagnóstico.
La
detección temprana de la enfermedad es de vital importancia
para el tratamiento. Para eso es importante tener en cuenta
los síntomas que presenta la enfermedad.
Para
efectuar un diagnóstico adecuado hay que realizar un
análisis de sangre, estudiar las células de
la sangre y, frecuentemente, llevar a cabo un análisis
de la médula ósea del paciente. También
podrán requerirse estudios adicionales a fin de establecer
el tratamiento más adecuado.
Tratamiento.
El
objetivo del tratamiento es lograr remisión completa.
Esto significa erradicar la enfermedad de la médula
ósea, restableciéndose la función normal
de la misma. El tratamiento consta de quimioterapia y en algunos
casos, radioterapia y /o trasplante de células progenitoras.
Siendo este último reservado a un grupo de características
específicas.
La
quimioterapia incluye la combinación de drogas que
destruyen las células leucémicas directamente,
o bloquean su capacidad de reproducirse.
El médico especialista administra estas drogas a los
pacientes, en dosis calculadas para eliminar a la mayor cantidad
de células leucémicas, sin dañar en forma
irreversible a las células sanas.
Para mayor información sobre la quimioterapia, visite
en este sitio el área destinada a: Pacientes/
Tratamientos/ Quimioterapia.
El
tratamiento de soporte cumple un papel importante, protegiendo
al paciente, permitiéndole al mismo sobrepasar el período
crítico necesario para que los beneficios de la quimioterapia
hagan efecto. Este tratamiento de soporte incluye antibióticos,
aislar al paciente de gérmenes, transfusiones de plaquetas
y glóbulos rojos.
Sobrevida.
La
sobrevida global a 5 años, se triplicó en los
últimos 40 años en los pacientes con leucemia.
En
la población pediátrica se han evidenciado grandes
avances en las últimas décadas lográndose
por ejemplo, en la leucemia linfoblástica aguda el
80% de sobrevida global a 5 años.
Direcciones futuras.
Los
avances de las técnicas destinadas a identificar los
distintos factores de riesgo, han permitido adecuar los tratamientos
a éstos, pudiendo intensificar los mismos en aquellos
con peor pronóstico y a la vez, evitar toxicidad en
aquellos en que ésto es injustificado. Un mayor conocimiento
de estos grupos y la adecuación del tratamiento, permitirá
avanzar en aquellos más complejos ofreciéndoles
así mayor posibilidad de curación.
En
los últimos años el esfuerzo de grupos cooperativos,
ha hecho posible la incorporación de nuevas drogas
para el tratamiento de la leucemia, abriendo éstas
una nueva esperanza para aquellos que la padecen.
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Dra.
Claudia Corrado
Oncohematología
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El Mieloma Múltiple es el segundo tipo de tumor hematológico
en frecuencia, y representa aproximadamente 1% de todos los
tumores. Aunque la edad pico de inicio del Mieloma se encuentra
ente los 65 y 70 años, estadísticas recientes
muestran el aumento de su incidencia y el comienzo a una edad
más temprana. El Mieloma es dos veces más frecuente
en hombres que en mujeres.
¿Qué es?
El
Mieloma Múltiple, es un tumor de células plasmáticas.
Estas células normalmente producen proteínas
llamadas inmunoglobulinas o anticuerpos que destruyen los
cuerpos extraños tales como las bacterias. Los anticuerpos
reconocen su blanco en los cuerpos extraños, llamados
antígenos.
¿Qué
es una células plasmática?
La célula plasmática se desarrolla de una célula
llamada linfocito B. El linfocito B es una célula de
la sangre, y como las otras células sanguíneas,
nace en la médula ósea a partir de una célula
precursora. Esta célula precursora tiene la habilidad
de desarrollarse (diferenciarse) hacia varios tipos diferentes
de células sanguíneas, incluyendo glóbulos
rojos, blancos y plaquetas. El tipo específico de célula
en la cual se transformará la célula precursora
está dirigido por su respuesta a factores de crecimiento
llamados citoquinas.
Signos y síntomas.
Debe
tenerse presente que algunos pacientes pueden no tener ninguno
de estos síntomas, y raramente alguno puede presentarlos
todos.
A medida que el Mieloma avanza, puede suprimirse el crecimiento
de las células normales en la médula ósea,
lo cual puede causar una disminución de glóbulos
rojos (anemia), de plaquetas, causando problemas de hemorragias,
o de glóbulos blancos, aumentando el riesgo de infecciones.
Un síntoma común de inicio es el dolor de espalda,
o en las costillas, resultado de la acumulación de
células plasmáticas que causan pequeñas
fracturas en los huesos.
Cansancio exagerado y palidez por la anemia.
Infecciones recurrentes, tales como neumonía, infecciones
urinarias, debido al mal funcionamiento del sistema inmunológico.
Síntomas de hipercalcemia: cansancio, confusión,
constipación, aumento de la sed, y náuseas.
Insuficiencia renal.
Síntomas menos frecuentes pueden estar relacionados
con algunas complicaciones del Mieloma: hiperviscosidad, crioglobulinemia
y amiloidosis.
Hiperviscosidad: puede ocurrir cuando la concentración
de proteínas en la sangre aumenta y la sangre se "espesa";
los síntomas son falta de aire, confusión y
dolor en el pecho.
Crioglobulinemia: ocurre cuando la paraproteína es
de un tipo específico que forma partículas con
el frío; las mismas pueden bloquear los pequeños
vasos sanguíneos y causar síntomas tales como
dolor y falta de sensibilidad en los dedos de manos y pies
durante el clima frío.
Amiloidosis: es una rara complicación que ocurre generalmente
en pacientes cuyas células plasmáticas sólo
producen cadenas livianas. La combinación de la cadena
liviana y otras proteínas de la sangre produce proteína
amiloide; la misma puede infiltrar tejidos y órganos,
incluyendo los riñones, el hígado y el corazón,
y alterar sus funciones normales. También puede infiltrar
las paredes de los vasos sanguíneos causando que los
mismos pierdan su elasticidad y dificulten su propiedad de
mantener la presión sanguínea. Los síntomas
de amiloidosis incluyen: baja presión, insuficiencia
renal, hepática y cardíaca.
Causas.
Aunque
se han realizado muchas investigaciones acerca
de la causa del Mieloma, hasta ahora no se ha identificado
una. Sin embargo, la búsqueda ha sugerido una posible
asociación entre Mieloma y la alteración del
sistema inmunológico, ciertos factores genéticos,
ocupaciones, exposición a ciertos químicos,
a la radiación, y quizá a algunos virus.
Dada
la frecuente edad de comienzo en la población añosa,
se piensa que la susceptibilidad puede aumentar con el proceso
de envejecimiento y la disminución de la vigilancia
inmunológica, o que el Mieloma pueda resultar
de una acumulación de insultos tóxicos durante
la vida.
Debe
tenerse presente que en la mayoría de los casos, las
personas que desarrollan Mieloma no tienen factores predisponentes
claros, y que la enfermedad puede ser el resultado de varios
factores actuando juntos.
Diagnóstico.
Muchas
veces el diagnóstico puede ser casual durante un chequeo
de rutina. Por ejemplo, la presencia de anemia y proteínas
elevadas en sangre llevan a profundizar los estudios y cuando
se hace el estudio proteico (proteinograma por electroforesis),
se descubre la típica banda de la paraproteína.
El diagnóstico se confirma por
un exceso de células plasmáticas en la médula
ósea (punción de médula ósea).
Luego de realizado el diagnóstico, se deben hacer más
estudios para evaluar la extensión de la enfermedad,
planificar el tratamiento y establecer la base sobre la cual
se medirá posteriormente la efectividad del tratamiento.
Tratamiento.
El
tratamiento del Mieloma apunta a eliminar la enfermedad o
detener el progreso de la misma, disminuir el dolor y mejorar
el estado general. El objetivo es lograr la mejor remisión
posible. Remisión completa (RC), hasta hace un tiempo
significaba disminución del 75% de la proteína
del Mieloma, con mejoría de los signos y síntomas
de la enfermedad. Dado que ahora contamos con tratamientos
mucho más efectivos, el criterio de remisión
completa es actualmente más estricto: incluye ausencia
de la proteína monoclonal de sangre y orina, más
ausencia de células plasmáticas de la médula
ósea, más desaparición de signos y síntomas
de la enfermedad. La remisión completa no significa
curación definitiva de la enfermedad, dado que niveles
muy pequeños de enfermedad se pueden detectar usualmente
con métodos más sofisticados.
¿Quiénes
deben recibir tratamiento?
Los pacientes con gammapatía monoclonal benigna y aquellos
con Mieloma "Indolente", pueden permanecer estables
por años sin tratamiento. Sin embargo, la mayoría
de los pacientes con Mieloma desarrollarán enfermedad
sintomática en algún momento y requerirán
tratamiento. Dados los rápidos avances en el tratamiento
del Mieloma en los últimos años, los pacientes
podrían beneficiarse del tratamiento en centros especializados
en esta
enfermedad.
¿Qué
es la quimioterapia y cuáles son sus efectos secundarios?
Para obtener información, visite en este sitio en Tratamientos,
el área destinada a Quimioterapia.
Trasplante
Autólogo de Células Progenitoras Hematopoyéticas
(T.A.M.O.):
En estudios al azar se ha demostrado que en pacientes menores
de 70 años sensibles a la quimioterapia inicial como
VAD, altas dosis de quimioterapia y rescate con células
propias previamente criopreservadas, mejoran los porcentajes
de remisiones completas, sobrevida libre de enfermedad y sobrevida
global comparado con pacientes que continúan con quimioterapia
estándar (ejemplo: melfalan y prednisona oral o VAD).
Para
obtener información adicional, visite en este sitio
en Tratamientos, el área destinada a T.A.M.O.
Pronóstico.
Es
la predicción de la evolución de la misma, y
generalmente se basa en la existencia de diferentes signos,
síntomas y hallazgos de laboratorio o radiológicos.
Para determinar el pronóstico de un Mieloma, se evalúa
la extensión o el estadío de la enfermedad.
¿Qué
son los indicadores pronósticos?
Son ciertos estudios de laboratorio que se correlacionan con
la progresión de la enfermedad. La determinación
de los mismos ayuda a establecer el nivel de enfermedad al
diagnóstico y provee una base sobre la cual medir la
progresión o la remisión de la enfermedad.
Mieloma
Indolente: en alrededor del 5% de pacientes al diagnóstico,
el Mieloma se mantiene estable y no progresa por meses o años;
estos pacientes generalmente tienen baja carga tumoral, y
no padecen anemia, enfermedad ósea, renal, ni infecciones.
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Dr.
Santiago Pavlovsky
Director Científico
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El
avance en los tratamientos significa mayor porcentaje
de supervivencia y cura.
Se ha avanzado mucho en el diagnóstico y tratamiento
de los linfomas en las últimas décadas.
Esta enfermedad del sistema linfático puede ser
frenada en casi el 70% de los pacientes diagnosticados
en las etapas tempranas de la enfermedad. Hasta en aquellas
personas diagnosticadas en una etapa más avanzada,
se pueden conseguir años de vida libres de la enfermedad.
El
linfoma es una enfermedad maligna muy difundida. Alrededor
de 4.800 argentinos son diagnosticados con linfoma al
año. El linfoma de Hodgkin (a la cual le dedicamos
un link aparte) es un tipo especial de linfoma, pero por
razones históricas y biológicas ha sido
clasificado en forma separada de los llamados linfomas
No-Hodgkin. Cerca del 90% de los linfomas No-Hodgkin ocurren
a partir de los 35 años de edad y alrededor de
50% de los casos se desarrollan luego de los 70 años.
¿Qué es?
Linfoma
es un término general que se le da a un grupo de
desarreglos malignos que se originan en los linfocitos,
un tipo de glóbulo blanco. Los glóbulos
blancos son vitales para la defensa del organismo ya que
matan, disuelven, rodean o destruyen toda materia ajena
al cuerpo como venenos o virus que invaden al mismo. Los
linfocitos están distribuidos por todo el cuerpo,
pero se concentran en la médula ósea, los
ganglios linfáticos, el bazo, el tracto gastrointestinal
y la piel. Estos son los órganos principales que
componen el sistema linfático.
Los
ganglios o nódulos linfáticos son muy numerosos
y están ubicados por todo el cuerpo desde la cabeza
a los pies. Están conectados por un sistema circulatorio
especial denominado linfático. Por estos vasos
circula un fluido claro llamado linfa en el cual los linfocitos
están suspendidos mientras van de un nódulo
al otro y, eventualmente, a la sangre.
En
los linfomas, las células que forman los tejidos
linfáticos se tornan anormales. Esto generalmente
se da en los nódulos o ganglios linfáticos
aunque también puede comenzar en el estómago,
intestino, en la piel u otro órgano. El linfocito
maligno se multiplica y las células resultantes
se acumulan, dando lugar a un crecimiento de uno o varios
ganglios linfáticos, o una masa en otro tejido,
como en el estómago, la piel u otro. En los nódulos
linfáticos, las crecientes células del linfoma
ocupan el lugar de las células normales y producen
patrones de células anormales que pueden ser identificadas
y clasificadas en una muestra para una biopsia. De no
controlarse, este proceso puede llevar al desarrollo de
tumores y, a veces, a invadir otros órganos.
Algunos
linfomas también involucran a la médula
ósea y pueden interferir en el desarrollo de las
células de la sangre, provocando anemia y, en casos
más severos, bajos recuentos de glóbulos
blancos y plaquetas.
Todos
los linfomas tienen en común el crecimiento atípico
de las células. Sin embargo, el tipo de linfoma
difiere según el tipo de célula afectada
por la enfermedad. Dicha enfermedad puede ser catalogada
como nodular o difusa, dependiendo de la apariencia general
de los ganglios linfáticos.
Los
linfomas se dividen en tres grandes grupos: bajo, intermedio
o alto grado y a fenotipo B o T, sobre la base de las
diferentes características propias. La clasificación
de los linfomas es muy compleja debido a la gran variedad
de células que forman las distintas partes del
sistema linfático. Hoy día se utiliza la
clasificación diseñada por un grupo de expertos
de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Signos y Síntomas.
El
síntoma más común al comienzo de
la enfermedad es una inflamación indolora de los
ganglios linfáticos -generalmente del cuello, axilas,
ingle o abdomen. Los ganglios pueden inflamarse debido
a otras enfermedades o infecciones, pero si la inflamación
persiste, se deberá consultar a un médico.
En
un 20 a 30% de los pacientes el tumor inicial está
en la piel, el estómago o cualquier otro órgano
no linfático. A estos casos se los conoce como
linfomas extranodulares. Esto puede observarse como un
primer signo o en algún momento posterior durante
la enfermedad.
Otros
síntomas son: fiebre, transpiración nocturna
profusa, agotamiento y dolores abdominales, pérdida
del apetito y peso, asi como dolores en los huesos.
Diagnóstico.
El
diagnóstico del linfoma se confirma mediante una
biopsia, para lo cual se extrae por cirugía el
tejido de un ganglio crecido u órgano sospechoso
para ser examinado bajo el microscopio. Luego se estudian
cortes del tejido para determinar el tipo, presencia y
ubicación de las células malignas características
de la enfermedad.
También se realizan estudios de las células
de los tejidos
a fin de determinar si se trata de linfocitos y, en caso
afirmativo, qué estirpe. Asimismo, pueden examinarse
los cromosomas de las células y la presencia de
genes específicos (oncogenes). Para ello se emplean
técnicas histológicas, de citometría
de flujo y citogenética y de biología molecular.
Si
se confirma la enfermedad, se realizan más análisis
para establecer si se ha expandido a través del
sistema linfático a otras partes del cuerpo. Estos
análisis pueden incluir otras biopsias, rayos X,
tomografías computadas, resonancias magnéticas
y centellogramas con galio 67.
Estos
procedimientos son muy importantes para poder evaluar
el mejor tratamiento para la enfermedad. Los médicos
utilizan estos resultados para determinar exactamente
el tipo de linfoma, el patrón de distribución
de las células malignas y pronosticar las posibles
formas
de desarrollo.
Tratamiento.
El
tratamiento contra el linfoma dependerá del tipo
y extensión de la enfermedad, pero el médico
deberá también tener en cuenta el estado
de salud general del paciente y su historia clínica.
Algunas formas de linfomas de bajo grado (indolentes)
pueden dejarse sin tratar durante años. La mayor
parte de los linfomas requieren de un tratamiento en cuanto
se lo diagnostica.
Al
comienzo de la enfermedad o en los estadíos localizados,
los linfomas son tratados con 3 ciclos de quimioterapia
y luego radiación de alto voltaje que se aplica
sólo a los ganglios u órganos afectados.
Con este tratamiento combinado (quimioterapia y radioterapia)
se obtienen con las formas localizadas, altos porcentajes
de curabilidad.
La
quimioterapia es un tratamiento con agentes químicos
-drogas anticancerígenas. Los linfomas de alto
grado son usualmente tratados mediante una combinación
simultánea de diferentes drogas. Estas drogas anticancerígenas
destruyen a las células malignas o impiden que
éstas se reproduzcan. El oncohematólogo,
médico especialista en enfermedades malignas de
la sangre, administra estas drogas, equilibrando las dosis
cuyo objetivo es destruir las células malignas,
intentando preservar la mayor cantidad de células
normales.
La
quimioterapia puede ser aplicada como único tratamiento
o junto con un tratamiento de radiación. Cuando
el tratamiento ha destruido las células malignas
en forma efectiva, el paciente vuelve a un estado de salud
denominado remisión. Puede ser necesario continuar
con el tratamiento una vez alcanzada la remisión
para prolongar la duración de la misma o para que
éste sea finalmente permanente.
Causas y Factores de Riesgo.
A
pesar de que se han dado grandes pasos para combatir la
enfermedad, todavía se desconocen las causas y
formas de prevenirla. Algunos estudios sugieren una conexión
entre la exposición crónica a pesticidas
o herbicidas y la incidencia de la enfermedad. Los investigadores
creen que la enfermedad consiste en una compleja interacción
de factores genéticos y químicos individuales
junto con la posible participación de un virus.
Se
sabe con certeza que la enfermedad no es hereditaria
y tampoco hay evidencia de factores de riesgo asociados
a grupos étnicos, dieta o factores ambientales.
No es contagiosa.
Esperanza para el Futuro.
Una
nueva y prometedora vía de tratamiento para los
linfomas es la inmunoterapia, la cual adapta el sistema
inmunológico del paciente para erradicar la enfermedad.
También se están investigando sustancias
que estimulan las defensas naturales del cuerpo en contra
de vacunas experimentales.
En
los últimos años han surgido anticuerpos
monoclonales que solos o asociados a sustancias radiógenas
(radioinmunoconjugados) permite atacar específicamente
la célula linfomatosa. Asimismo, se están
desarrollando nuevas drogas y combinaciones de drogas
para tratar los linfomas.
En
pacientes que han recaído y han demostrado que
mantienen una sensibilidad a la quimioterapia con nuevas
respuestas completas o parciales, el empleo de altas dosis
de quimioterapia ablativa y autotrasplante ha demostrado
ser más efectivo que sólo quimioterapia
standard.
Asimismo,
en linfomas de grado intermedio o alto con
índices pronósticos adversos al diagnóstico,
el auto trasplante ha demostrado ser más efectivo
en controlar la enfermedad y aumentar los índices
de curabilidad como consolidación del tratamiento
de quimioterapia.
Estas
técnicas utilizan la médula ósea
o preferentemente células progenitoras de sangre
periférica del propio paciente a fin de restaurar
la producción de células de la sangre (glóbulos
rojos, glóbulos blancos y plaquetas) luego de una
intensa quimioterapia. En casos especiales de pacientes
jóvenes con un donante compatible, puede indicarse
el trasplante alogeneico de células progenitoras.
A
medida que pasan los años y más se sabe
sobre las causas y tratamiento del linfoma, más
aumentan las posibilidades de frenar la enfermedad y curarla.
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Dr.
Santiago Pavlovsky
Director Científico 
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Para la mayoría, una cura
es ahora posible.
Hoy
en día, el linfoma de Hodgkin puede ser curado. Este
tipo de cáncer linfático puede ser controlado
en más del 90% de los casos cuando se los diagnostica
al comienzo de la enfermedad. En aquellos casos en los que
se diagnostica la enfermedad en una etapa más avanzada,
más del 70% puede obtener años de vida productiva
y cura si siguen un tratamiento adecuado.
El
linfoma de Hodgkin tiene dos picos de incidencia: uno en personas
entre los 15 y 30 años y el otro entre los 55 y 70
años. El linfoma de Hodgkin es un tipo común
de linfoma y comprende un quinto de todos los cánceres
del sistema linfático.
¿Qué es?
El
linfoma de Hodgkin se produce en el sistema linfático,
que consiste en una red de pequeños vasos que conectan
cientos de ganglios o nódulos del tamaño de
un poroto. Un fluido claro -denominado linfa- circula a través
del sistema, que se extiende de la cabeza a los pies por todo
el cuerpo. La composición del fluido varía,
pero está principalmente formado por glóbulos
blancos, la mayoría linfocitos. La actividad de las
células en los ganglios linfáticos cumple un
papel primordial en la defensa del organismo contra infecciones,
bacterias, venenos u otros agentes que producen daño.
Los glóbulos blancos matan, rodean, destruyen o desarman
a las materias ajenas al cuerpo.
En
presencia del linfoma de Hodgkin, una célula del sistema
inmunológico denominada linfocito sufre una transformación
que la vuelve nociva e inefectiva. Se multiplica, separando
y dañando el funcionamiento de los glóbulos
blancos normales. El ganglio o nódulo linfático
se agranda. Durante este proceso, se produce una merma en
el funcionamiento del sistema inmunológico que puede
ser más severo cuando la enfermedad se ha diseminado.
La deficiencia inmunológica puede hacer que una persona
se vuelva más susceptible a cierto tipo de infecciones.
Si la médula ósea ha sido afectada, pueden producirse
anemia u otros cambios en las células de la sangre.
Muchos
expertos creen que el linfoma de Hodgkin comienza en un ganglio
o nódulo linfático. Luego, las células
malignas se transportan por la red linfática, una
red de vasos que conectan a todos los ganglios linfáticos.
Cuando la enfermedad está en una etapa avanzada, pulmones,
hígado, bazo y la médula ósea pueden
ser afectados.
La enfermedad puede afectar otros tejidos cuando las células
anormales se diseminan desde los ganglios linfáticos
a través de los vasos linfáticos o los vasos
sanguíneos. La célula atípica por la
cual se identifica a la enfermedad es la célula Reed
Sternberg. Se piensa que es una célula que deriva de
un linfocito B. Un patólogo puede realizar un diagnóstico
cuando encuentra a la célula Reed Sternberg junto con
otros patrones de células anormales características
de la enfermedad en un ganglio linfático.
Causas y Factores de Riesgo.
Se
desconocen las causas directas. En algunos casos, se ha establecido
una conexión con el virus de Epstein-Barr y otros virus.
El linfoma de Hodgkin no es contagioso ni hereditario. No
tiene ninguna relación con hábitos de vida,
sustancias tóxicas, etc.
Signos y Síntomas.
El
signo más común de la enfermedad es la inflamación
indolora de los ganglios linfáticos, más comúnmente
los del cuello, pero también los de las axilas e ingle.
Cabe destacar que los ganglios se pueden inflamar debido a
otras infecciones o enfermedades. Pero se deberá consultar
al médico si la inflamación continúa
por más de una semana. Otros síntomas son: fatiga
permanente, fiebre alta recurrente, transpiración nocturna
profusa, severa picazón, dolores de espalda, piernas
o abdomen, anemia, náuseas, vómitos, pérdida
de peso y dolor de huesos.
Diagnóstico.
La
enfermedad de Hodgkin se determina mediante una biopsia. Se
extrae por cirugía el ganglio inflamado -u otro tejido-
para ser examinado bajo el microscopio. Cortes finos del ganglio
son estudiados para determinar la presencia, tipo y distribución
de las células malignas características de la
enfermedad. Si se confirma el diagnóstico, se realizan
otros análisis para determinar si la enfermedad se
ha extendido a otras partes del cuerpo.
Estos
estudios adicionales pueden incluir: un análisis de
sangre, tomografía computada de todo el cuerpo, rayos
X convencionales de distintas partes del cuerpo, centellograma
de todo el cuerpo con Galio 67, análisis del funcionamiento
del hígado y los riñones, biopsia de médula
ósea en presencia de anemia de causa desconocida.
Los
médicos podrán evaluar así el patrón
de distribución
de las células malignas y pronosticar las vías
de desarrollo de las mismas. El propósito es elegir
el mejor tratamiento contra la enfermedad. Se clasifica a
los pacientes con la enfermedad de Hodgkin de acuerdo a cuatro
estadíos: el estadio I es la etapa más temprana,
cuando la enfermedad está localizada y es más
fácil curarla, siendo el estadio IV, el más
avanzado cuando la enfermedad ha tomado órganos no
linfáticos como la médula ósea, huesos,
hígado, etc.
Tratamiento.
El
linfoma de Hodgkin se trata con radioterapia, quimioterapia
o una combinación de las dos. La decisión en
cuanto a qué tipo de tratamiento debe usarse dependerá
de la extensión de la enfermedad, las áreas
involucradas y el patrón de la muestra de la biopsia.
Estos factores se utilizan para subclasificar a la enfermedad
en uno de los varios patrones patológicos de nódulo
linfático determinados al inspeccionar a la biopsia
bajo el microscopio y establecer el estadío de la enfermedad
de acuerdo a las áreas del cuerpo involucradas (cuello,
axilas, mediastino, abdomen, ingle, bazo, médula ósea,
huesos, pulmones, etc.).
Tanto
la radioterapia como la quimioterapia puede producir debilitamiento
y efectos colaterales desagradables, la mayoría de
los cuales desaparece al terminar el tratamiento. El paciente
deberá consultar al médico para saber qué
efectos colaterales pueden producirse y mantenerlo al tanto
de los efectos inesperados que puedan ocurrir. Es aconsejable
hablar con el médico acerca de la extensión
de la enfermedad durante el tratamiento, el enfoque de dicho
tratamiento y las razones por las que se ha elegido el mismo,
así como también los efectos colaterales del
mismo a corto y largo plazo.
El
linfoma de Hodgkin es uno de los importantes triunfos de la
terapia contra el cáncer. En la mayoría de
los pacientes se logra una cura de la enfermedad y un control
de la misma a largo plazo es posible en otros. Los pacientes
jóvenes y de mediana edad tienen un índice de
cura más elevado que los pacientes de mayor edad pero
el progreso en el tratamiento ha sido sustancial para todos.
Dados
los altos porcentajes de cura, la preocupación en la
última década ha sido mantener excelentes niveles
de curabilidad sin secuelas tóxicas. Para ello se emplearon
combinaciones de drogas que no producen toxicidad tardía
como gonadal o la posibilidad de producir otro tumor. Además
se asocia a radioterapia solo en campos comprometidos al diagnóstico
y a bajas dosis. Con ello, también se reduce significativamente
la toxicidad de la radioterapia.
Esperanza
para el Futuro.
La
detección temprana de la enfermedad es la clave para
la cura y es muy importante realizar una rápida biopsia
de los ganglios linfáticos inflamados sin explicación.
Las nuevas técnicas de diagnóstico por imágenes
han reducido la necesidad de técnicas de diagnóstico
invasivas, tales como la cirugía abdominal exploratoria.
El trasplante de células progenitoras de sangre periférica
es una nueva opción de tratamiento para aquellos pacientes
que no responden a las otras alternativas o que tienen una
recaída precoz de la enfermedad.
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