Transfusión sanguínea
Por diversos factores, se desencadenan ciertas patologías que hacen que la médula ósea no produzca todos los elementos, o que los produzca en forma anárquica, lo cual le impide desarrollar su función. Por ejemplo, enfermedades oncológicas de la sangre tales como la leucemia, linfomas, aplasias, mieloma múltiple, etc. Existe también otro tipo de patologías que no afectan directamente a la sangre o a la médula, pero que requieren tratamientos que inevitablemente perjudicarán el desarrollo normal de las células. Por ejemplo, diferentes tipos de cáncer o tumores.
En ambos casos, el tratamiento que se lleva a cabo es la quimioterapia, radioterapia o una combinación de ambos.
El efecto no deseado de estos tratamientos es la destrucción indiscriminada de las células sanguíneas, lo cual va a perjudicar al organismo y a las funciones del mismo.
De esta manera, teniendo en cuenta que el tratamiento
no diferencia las células sanas de las enfermas, el paciente podrá sufrir anemia, debido a la falta de glóbulos rojos; infecciones, debido a la disfunción y a la falta de glóbulos blancos; y hemorragias, ya que no produce plaquetas para evitarlas.
Es en este estadío cuando el paciente necesitará la generosidad de los demás para continuar con su terapéutica y afrontar las consecuencias. La transfusión sanguínea se vuelve indispensable para el tratamiento, convirtiéndose en una necesidad vital. |