Oscar Borracchia

Nuestra historia lleva ya muchos años… literalmente, comenzó en diciembre de 2001, plena crisis de nuestro país. Oskr comenzó con unos dolores en su costilla izquierda, luego de mover una madera en la quinta mientras preparaba un asado. Lo que siguió fue una vorágine de consultas con médicos diversos, ante un dolor cada vez màs intenso en su espalda. Terminó internado en un sanatorio de Bs As, en donde le diagnosticaron un mieloma múltiple, propusieron un tratamiento muy agresivo y esbozaron un horizonte de futuro de meses.

 

Andrea, hija de Oskr,  estudiante de Medicina y hoy doctora, se comunicó con el Centro Pavlovsky y allí Maiko le pidió que lo trasladáramos a FUNDALEU.

 

Siguió un año extremadamente difícil con un autotransplante exitoso; tan exitoso, que durante 11 años sólo fueron necesarios controles!

 

En 2013, la enfermedad volvió. Siempre el

Dr. Maiko Pavlovsky nos iluminó con esperanza y comenzamos de su mano una nueva etapa de lucha, con drogas nuevas, que hicieron efecto temporalmente. Los avances de la ciencia nos permiten seguir en la pelea!

 

Este año estamos desde el 25 de marzo en FUNDALEU, o bien internados o bien en forma ambulatoria.

 

Decir que éste es el MEJOR lugar en donde se pueda tratar a una persona que padece enfermedades oncohematológicas… resulta poco…  Aquí recibimos el cariño y contención de cada una de las personas que integran esta institución. Siempre una palabra cálida, un apretón de manos, una sonrisa… además de la idoneidad de cada uno de los doctores y enfermeros, la actitud de los administrativos y la buena predisposición de todo el personal. Llegar a FUNDALEU tiene algo parecido a llegar a casa: aunque tengas mil problemas, en casa te sentís seguro!

 

Hablo ahora en primera persona.

 

Este tiempo no ha sido fácil; la angustia de un diagnóstico de una enfermedad que no conocías siquiera que existía es devastadora. Miles de mostruos van tomando la forma de los peores miedos.  Superada la incertidumbre del primer momento, vienen luego las alegrías de las mejoras y  los miedos ante las recaídas…

 

Así se aprende que hoy es hoy, que el futuro es inmediato,  que vale la pena vivir el día plenamente, disfrutando cada instante con intensidad; se aprende que pensar positivo aporta más energía que bloquearse  temiendo un escenario incierto. Se aprende a adaptarse a una nueva forma de vida. Se aprende a estrechar en tu alma al alma del ser amado…

 

Siempre dije que este camino no se hace solo.  Por eso precisamente,  no dejé de estar ni un  un sólo día con Oskr, ni de compartir una quimio, ni una consulta, ni un sólo día de internación. No sé si concretamente eso sirve para algo… pero creo firmemente que el amor lo puede todo. Y que cada paso que haya que dar, lo haremos juntos para que su lucha, su esfuerzo, su dolor… sea siempre un poco menos. Para que estar en una habitación en un tratamiento,  resulte siempre lo más cotidiano y lo más familiar posible.

 

Es indudable  que quien acompaña sufre terriblemente, pero quien se pone mansamente en las manos de los profesionales, padece dolores y  se entrega, es el enfermo… y entonces nosotros (quienes acompañamos) tenemos que ser fuertes para sostenerlos.

Desde esa perspectiva, el rol de quienes acompañamos es tan importante como el de las medicaciones que reciben los pacientes.

 

He pasado por sensaciones y sentimientos encontrados… he cuestionado, me he rebelado, he intentado buscar respuestas,  he confiado, he rezado, he puesto este dolor en manos de Dios…y es entonces cuando lo que siento pasa  a un segundo plano, surgen fuerzas que ni pensaba que tenía… y sigo adelante…  sonriendo y sosteniendo… confiando… pensando en positivo… recordando instantes lindos e imaginado hermosos momentos futuros.

 

 

“Atravesiamo” es una de las palabras más bellas que he escuchado…

“Noi atravesiamo”  noches oscuras e interminables, amaneceres llenos de luz, aguas tormentosas y calmas… sin saber exactamente  adónde llegaremos.

Pero eso si… juntos, siempre juntos!

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